
Años de espera nos han llevado, por fin, al 1 de julio de 2010. Esta fecha estaba marcada con rotulador y bolígrafo en los calendarios de todos los General Managers de la NBA, así como por un montón de aficionados. Hoy, después de años esperando por él, LeBron James se ha convertido en agente libre, y le acompañan nombres como Dwyane Wade, Chris Bosh, Dirk Nowitzki, Paul Pierce, Amar’e Stoudemire o Joe Johnson.
Hace dos o tres años parecía que, como casi todos los movimientos de mercado tan cacareados, el verano de 2010 sería un globo hinchado por la prensa y lo más gordo que pasaría serían los Knicks sobrepagando a algún cuatro de poca monta. Pero los acontecimientos se han sucedido para provocar un mercado de agentes libres decisivo para el futuro a corto, medio y largo plazo de la NBA. Y la razón principal es sencilla: LeBron James tiene posibilidades reales de cambiar de equipo. Se puede discutir sin llegar a un acuerdo sobre si es el mejor jugador del mundo o no; como mucho, hasta el peor de sus haters le situaría en la segunda posición. De lo que no hay dudas es de que es el jugador más importante de toda la NBA y el que marcará el futuro del próximo lustro de la liga.
En pocas ocasiones el mejor jugador de la liga sale al mercado con libertad. El último precedente similar es Shaquille O’Neal firmando por Los Angeles Lakers en 1996, todavía en plena ‘era Jordan’. De hecho, sólo ese verano puede ser comparable a este 2010: además de O’Neal, Jordan, Payton y Mourning fueron agentes libres, así como otros jugadores Mutombo, Reggie Miller, Rodman o Tim Hardaway. De entre todos ellos, sólo Shaqulle y Mutombo cambiaron de aires. Kobe Bryant también fue agente libre en 2004, después de la final perdida contra los Detroit Pistons, aunque de forma un poco postiza, y terminó renovando por Los Angeles. Ese fue el verano en el que Shaquille y Phil Jackson salieron de la franquicia, tras la tensión de la temporada de los cuatro magníficos y la humillación encajada en Detroit. También Tim Duncan salió al mercado en 2000 y, aunque estuvo cerca de acabar en Orlando, renovó por San Antonio.
Todos estos nombres ilustran perfectamente la magnitud de estos días. Tal y como está configurado el mercado, lo primero será ver el destino de LeBron James, y a partir de ahí muchas franquicias y jugadores adaptarán sus movimientos a la coyuntura. Mientras los Cavs están cerca de firmar a Byron Scott como entrenador jefe, Wade intenta convencer a Bron de que le acompañe en Miami y Knicks y Nets explican sus razones de mercado para superestrellas. Mavs y Clippers también están en la carrera, parece que algo por detrás, justo un poco por delante del resto de equipos de la liga. En cualquier caso, en estas semanas de agitación es difícil distinguir el rumor-grano del rumor-paja.
Así, excepto los que parece que renovarán por sus franquicias (Wade, Nowitzki, Pierce), el resto de jugadores esperará el movimiento de LeBron. Algunos lo harán para encontrar el destino más competitivo posible, quizá contando con James a su lado, y otros buscarán la máxima cantidad de millones posible por parte de alguna franquicia despechada. Y lo cierto es que hay muchos huecos que llenar y muchos millones que repartir a no tantas manos; más de uno saldrá con las manos en los bolsillos y cara de circunstancias. De momento, sólo nos queda esperar hasta que cada pieza empiece a realizar sus jugadas.